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Encuesta CEP arrojó un desplome a solo el 15% de apoyo ciudadano. En Palacio, fuera de las oficinas del segundo piso, atribuyen el escenario actual a la “ceguera”, “sordera” y “encastillamiento” de la Mandataria, que ha llevado a no dar giros importantes en el gabinete –explicaron–, a pesar de las evidentes señales de agotamiento que hace meses arroja la gestión gubernamental en los ministerios y en las regiones

ELMOSTRADOR.CL – VIERNES 19 AGOSTO 2016.  por  LAS FOTOGRAFÍAS NO SON PARTE DEL ARTICULO DE ELMOSTRADOR.  FOTO 1 MOMENTO EN QUE BACHELET RECIBE SU NOMBRAMIENTO DE OFICIAL DE LA FUERZA AÉREA DE RESERVA LA ACTIVA, DE MANOS DEL COMANDANTE EN JEFE DE LA FACH. FOTO 2 BACHELET EN SU HOMENAJE ANUAL, EN LA TUMBA DEL SACERDOTE JESUITA ALBERTO HURTADO CRUCHAGA

Se sabía, era de lo que se hablaba en todos los patios y pasillos, estaba en el ambiente político la preocupación por las malas cifras que iba a arrojar la temida y mítica encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), pero nadie en el Gobierno pensó que la realidad fuera así de cruda: la aprobación a la Presidenta Michelle Bachelet se desplomó a un histórico 15%. Todas las reformas tienen una mala evaluación, un 59% considera que está gobernando peor de lo que esperaba y la gestión de su administración apenas promedia una nota 3,3. El sondeo instaló a la Mandataria PS en el peor de los escenarios, tener que navegar un año y medio más sin apoyo ciudadano, con una administración cuestionada en todos sus frentes y una coalición política que tambalea.

Otras encuestas, como Adimark y Cadem, venían hace meses marcando la tendencia de Bachelet de traspasar el umbral sicológico del 20%, pero lo que muchos en el oficialismo y La Moneda advirtieron sobre su inevitable caída, no fue escuchado nunca en el segundo piso de Palacio y tampoco por la Mandataria, donde siempre han argumentado, absolutamente convencidos, que esas cifras no eran reales, que dichos sondeos eran manejados políticamente por la derecha para favorecer sus intereses.

El punto es que la encuesta CEP tiene una metodología de campo que en 30 años le ha valido el prestigio de ser el mejor y más fidedigno termómetro político y, hoy, la realidad cayó como un balde de agua fría en La Moneda. Del último sondeo político que publicó el CEP en noviembre-diciembre del año pasado, la aprobación a la Mandataria cayó 9 puntos, de un 24% al escuálido 15%.

No es solo un número, es que ese 15% significa que la mitad del voto más histórico y duro que en 26 años han tenido los Presidentes del mundo concertacionista-Nueva Mayoría, hoy se declara en contra de su propio Gobierno.

El 3,3 que obtuvo en la CEP el mandato de Bachelet, como calificación promedio a su gestión, está muy por debajo del 4,43 que promedió la administración de Patricio Aylwin o el 4,21 de Ricardo Lagos. Incluso, el sexenio de Eduardo Frei Ruiz-Tagle promedió un 4,0, a pesar de que en su último par de años convivió con la crisis asiática, una tremenda sequía y la detención de Augusto Pinochet en Londres.

En su peor momento durante su primer Gobierno, el apoyo a Bachelet bajó hasta el 39%, justo en la mitad de su mandato en diciembre del 2007, y en la administración de Ricardo Lagos, el respaldo ciudadano al ex Mandatario cayó al 41%.

Un 66% de la llamada clase media, entiéndase los grupos socioeconómicos C-2 y C-3, desaprueba la forma en que Bachelet está conduciendo su Gobierno y un 64% en los estratos más bajos, los grupos D y E. Según el CEP, ese rechazo en las mujeres llega al 63%, un 68% en hombres, un 64% en regiones y un 68% en la Región Metropolitana.

LAS RAZONES

En Palacio, fuera de las oficinas del segundo piso, atribuyen el escenario actual a la “ceguera”, “sordera” y “encastillamiento” de Bachelet, que ha llevado a no dar giros importantes en el gabinete –explicaron–, a pesar de las evidentes señales de agotamiento que hace meses arroja la gestión gubernamental en los ministerios y en las regiones.

Los primeros análisis en La Moneda también apuntaron a una arista que hace rato es cuestionada internamente en el Gobierno: elerrático diseño presidencial que adelantó el síndrome del “pato cojo”, aquel donde los gobiernos pierden el eje del poder y la influencia, pasan a ser actores secundarios: sin liderazgo en la agenda pública, solo sorteando coyunturas, con escasa presencia de la Mandataria en terreno, en regiones, y no en contacto con la gente.

El trabajo de campo de la CEP se realizó entre el 9 de julio y el domingo 7 de agosto, por lo que registró no solo el escándalo de las jubilaciones en Gendarmería, los cuestionamientos a la ministra de Justicia Javiera Blanco, los cambios en el Sename por los casos de niños muertos en sus recintos, la crítica de Ricardo Lagos donde advirtió de la crisis institucional que atraviesa el país y la masiva marcha en distintas regiones del país en la que se exigió un cambio real al sistema de pensiones. El sondeo no alcanzó a medir el golpe de timón que dio Bachelet dos días después, con la cadena nacional en la que convocó a un pacto nacional para asumir mejoras a las jubilaciones, insistió en la AFP estatal, con lo cual después de casi un año logró retomar el liderazgo y control del debate público.

En Palacio reconocen que esa ha sido una buena señal, que fue un acierto de Bachelet, pero que ha sido tardía, que por meses se ha pedido y se esperó un cambio de elenco que dé un nuevo impulso y un discurso más en sintonía con las necesidades concretas de las personas, que ahora los resultados están a la vista.

Un viejo refrán asegura que no se saca nada con llorar sobre la leche derramada y es lo que algunos en La Moneda consideran que hay que hacer, lo que en términos políticos implica que la Presidenta haga un cambio de gabinete ahora –sin que le importe tanto que la pauteen los medios o los partidos políticos– para marcar un punto de inflexión y siga la ruta de seguir liderando el tema de las pensiones, pero con una postura más clara.

En el oficialismo consideran que otro de los factores que inciden en que la administración bacheletista se encuentre hoy en el subterráneo político, radica en un problema de base, que es haber avanzado siempre en los temas más relevantes por el “ancho camino del medio”, en un intento de por siempre equilibrar las cosas con la DC y con el PC.

Ese es el mismo riesgo que en la Nueva Mayoría advierten que corre ahora con el tema de las pensiones, es lo que le pasó a La Moneda con las reformas educacional, laboral, tributaria y con el tema constitucional, que parten muy bien, pero que en el proceso de aterrizaje, tramitación de leyes, las tensiones internas de la coalición y en el Gobierno hacen que todas las iniciativas terminen convertidas en un híbrido que no le gusta a nadie, razón por la que la mayor pérdida de apoyo de Bachelet es entre “los propios”, en su electorado histórico.

Poco rato después que se conocieran los resultados de la encuesta CEP, el ministro vocero, Marcelo Díaz, salió al patio de La Moneda, donde reconoció que “no son buenas cifras para el Gobierno”, que “hay que trabajar muchísimo” y atribuyó el 15% de apoyo que tiene la Presidenta a que el Ejecutivo no ha sido capaz de visibilizar debidamente las cosas que han hecho bien, debido a las rencillas políticas que opacan los avances.  Agregó que nada es irreversible, salvo la muerte.

Pero en el seno del Gobierno ven complejo lo que se viene de ahora en adelante, lograr revertir este escenario en un año y medio para salir del subterráneo. En el oficialismo aseguraron que el desafío es trabajar para recuperar el piso histórico, esa mitad de voto duro que se perdió en el último año, que para ello es indispensable establecer una ruta clara y al menos dos proyectos o temas claves, que tengan impacto real en la ciudadanía.

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