Bahamas, la isla de Al Capone

 

EL PAÍS CARIBEÑO SE RESISTE A INTERCAMBIAR INFORMACIÓN FISCAL CON OTROS ESTADOS. BAHAMAS, LA ISLA DE AL CAPONE. LAS BAHAMAS SON UN LUGAR PARADISIACO PARA EL TURISMO… Y PARA LOS QUE BUSCAN OCULTAR SU DINERO

 

LAVANGUARDIA.COM PIERGIORGIO M. SANDRI, BARCELONA 25-9-2016. EN LA FOTO, LA CAPITAL, NASSAU. PAUL SPINELLI / AP

Durante la era de ley seca en EE.UU., Al Capone usaba esta isla caribeña para sus tráficos ilegales. En su edición del 29 de marzo de 1929, el rotativo Herald Tribune se hizo eco de la visita del célebre criminal en la capital, Nassau. “No se conocen los motivos de su viaje”, rezaba el texto. En su libro Treasury islands, Nicholas Shaxon cuenta que Meyer Lansky, considerado el cerebro financiero de la mafia estadounidense, eligió la isla “–hoy dominada por una oligarquía de marchantes corruptos– como la mejor jurisdicción secreta para lavar el dinero”.

En 1961, el Banco de Inglaterra alertaba de que, “debido a la falta de regulación, ese territorio atrae a todo tipo de magos financieros”. Mucho ha llovido desde entonces. Pero no demasiado. La isla ha vuelto a estar estos días en el ojo del huracán tras el Bahamaleaks, una investigación periodística que ha sacado a la luz miles de sociedades offshore.

 

¿POR QUÉ BAHAMAS?

 

Liz Nelson, del Tax Justice Net­work, enumera las anomalías del país. No proporciona datos sobre fundaciones privadas ni mantiene registros de sus dueños. Tampoco se exige que los datos de las empresas sean públicos. Estos aspectos permiten ocultar capital. Asimismo, tiene un sistema fiscal blando con la evasión y muy favorable para sus residentes: no existe impuesto de sociedades ni sobre la renta. Sólo se pide un pago anual, desde 300 hasta un máximo de 900 euros. No hay noticia de impuesto sobre plusvalías, herencia o patrimonio. Para abrir una sociedad en Bahamas (algo que no es ilegal en sí, siempre que se declare en el país de origen) basta un correo electrónico a un agente autorizado, y no hace falta acudir personalmente. Se tarda entre uno y siete días.

¿Es un paraíso fiscal? Como gesto de buena voluntad, en el 2001 Bahamas eliminó el instrumento de las acciones al portador, títulos cuya simple posesión física acredita la participación en una sociedad. Pero el avance fue limitado. De hecho, el entonces ministro de Finanzas, William Allen, reivindicaba en una carta a la ­OCDE que “el país siempre protegerá su autonomía fiscal ya que la provisión de servicios financieros transfronterizos es crítica para sus intereses económicos”.

España no considera Bahamas paraíso fiscal desde el 2011, cuando se firmó un tratado entre los dos países para el intercambio de datos tributarios. En cambio, para la Comisión Europea, Bahamas forma parte de una lista de 44 países “con falta de transparencia y algún que otro indicador de riesgo”. Curiosamente, ningún país entre los grandes de la UE lo considera paraíso fiscal: en cambio, sí lo hacen Eslovenia, Lituania, Bulgaria o Croacia, por mencionar algunos.

El territorio caribeño se adhiere, sobre el papel, a los Common Reporting Standards (CRS) de la ­OCDE, las normas que tienen como objetivo luchar contra la evasión fiscal transfronteriza. Sin embargo, la isla no ha firmado el convenio para el intercambio automático de información multilateral del G-20, algo que sí han hecho 85 países y que obliga a identificar la residencia fiscal de las personas que ostenten la titularidad o el control de cuentas financieras. Mark Morris, consultor de la OCDE, explica que las autoridades de Bahamas practican “un enfoque único”, que consiste en el intercambio de información en base bilateral con “jurisdicciones apropiadas en el mejor interés de los clientes que servimos”, según la expresión utilizada en Nassau.

El argumento es que si Bahamas decidiera seguir los convenios multilaterales, los datos de sus clientes no serían protegidos de forma adecuada ya que creen que este sistema tiene fallos. Así, Bahamas se ha limitado a suscribir tratados con 33 países, pero muchos de ellos se pactaron con otros paraísos fiscales (San Marino, Aruba, Guernsey…), con lo que en la práctica no sirven de nada.

De hecho, “las delegaciones del Gobierno de Bahamas viajan a escala global y organizan seminarios asegurando a los intermediarios que el país nunca va a firmar acuerdos multilaterales”, asegura Morris, según el cual “rechazar este sistema no sólo le ayuda a la supervivencia de su negocio offshore, sino que además atrae dinero negro de todo el mundo”. “Les dije que si seguían con este juego acabarían perdiendo y que su reputación se vería afectada”, amenazó recientemente Pascal Saint-Amans, el jefe de fiscalidad de la OCDE, a las autoridades de Bahamas. Al Capone, mientras tanto, descansa en paz.

 

EL TERCER PAÍS MÁS RICO DEL CONTINENTE AMERICANO

 

Bahamas cuenta con 320.000 habitantes, como Córdoba o Alicante. Su renta per cápita, 28.500 euros, es la tercera del continente americano y supera la española. Sus bancos custodian unos 200.000 millones de euros, 26 veces su PIB. El grueso del dinero procede de Sudamérica (continente con el que apenas tiene firmados tratados tributarios). El 36% de su economía se basa en las finanzas. El archipiélago alberga 90.000 sociedades offshore, 500 fundaciones, 700 fondos de inversión y 6.000 sociedades fiduciarias. El bufete panameño Mossack y Fonseca estableció ahí casi 16.000 empresas. Según el Tax Justice Network, Bahamas tan sólo representa el 0,1% del mercado global de capitales, porque sus sociedades pantalla ocultan dinero que duerme en otros países (por ejemplo, Suiza).

 

POR QUÉ FALLAN LOS REQUERIMIENTOS

 

José María Peláez es inspector de Hacienda y experto en blanqueo. Explica por qué en la práctica resulta difícil cazar a los ciudadanos españoles con cuenta en países como Bahamas. “Los tratados bilaterales sirven de poco. Si desde España se pide información a Bahamas, se puede tardar años, porque ni siquiera hay registro mercantil. Además, acostumbran a pedir expedientes en original y hemos de aportar una justificación, cuando la evasión en muchos de estos países ni se considera delito. Asimismo, si el titular de una cuenta es una sociedad pantalla y no aparece un ciudadano español detrás, entonces ya no hay nada que hacer”, resume. La directiva europea del ahorro prevé que en la Unión Europea se sepa si una persona tiene una cuenta corriente en un país miembro. Pero la ley no habla de las personas jurídicas, así que basta con poner la cuenta a nombre de una sociedad en Bahamas para eludir la normal.

 

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