ALBERTO ESPINOZA ES EL ABOGADO DE MARCELA MARDONES, EX PAREJA DEL “COMANDANTE EMILIO”, AMBOS RESPONSABLES DE PARTICIPAR EN EL ASESINATO DE JAIME GUZMÁN. PERO ESE ES SOLO UN NOMBRE. ESPINOZA, EX PC, TAMBIÉN DEFIENDE A LOS PRÓFUGOS RICARDO PALMA SALAMANCA, JUAN GUTIÉRREZ -“EL CHELE”- Y AL “COMANDANTE RAMIRO”. AQUÍ ENTREGA SUS RAZONES Y CUENTA PARTE DE SU HISTORIA

 

LATERCERA.COM DOMINGO 18 JUNIO 2017 AUTOR: LESLIE AYALA E IGNACIO BAZAN. FOTO ANDRES PEREZ

Alberto Espinoza es el abogado de Marcela Mardones, ex pareja del “comandante Emilio”, ambos responsables de participar en el asesinato de Jaime Guzmán. Pero ese es solo un nombre. Espinoza, ex PC, también defiende a los prófugos Ricardo Palma Salamanca, Juan Gutiérrez -“El Chele”- y al “comandante Ramiro”. Aquí entrega sus razones y cuenta parte de su historia.

 Alberto Espinoza (63), abogado de DD.HH., tiene una visión del caso del fallecido senador UDI Jaime Guzmán. Y esa es que es un asesinato, un atentado a la autoridad o incluso un crimen en el marco de la Ley de Seguridad Interior del Estado, pero que cualquiera de estas tres alternativas escapan a un acto terrorista. A su juicio, no fue un actuar sobreseguro. Guzmán agonizó y -dice- si hubiera recibido atención médica oportuna habría sobrevivido, quizás. Que las armas utilizadas no eran de gran poder, que eran pistolas de puño.

En eso, Espinoza es particularmente duro: “¿Por qué les dicen ‘comandantes’?”, pregunta en referencia a “Emilio” y “Ramiro”, ambos implicados en el asesinato de Jaime Guzmán. “Comandantes de qué…, puros mitos… Lo que ocurrió con Guzmán no fue terrorismo, no se puede comparar un robo con un hurto, tampoco el asesinato de esta autoridad, que se puede enmarcar en un crimen político, pero donde no se configura el delito terrorista como lo exige la ley chilena”, asegura.

Lo que ha dicho Espinoza vale como el abogado de Marcela Mardones, la ex pareja de Raúl Escobar, el “comandante Emilio”, apresado la semana pasada anterior en México. Y no solo eso. Espinoza se ha encargado de la defensa de varios frentistas emblemáticos, como Mauricio Hernández Norambuena – el “comandante Ramiro”-, además de Juan Gutiérrez Fischmann, “El Chele”. También defendió a los ex lautaristas Rodolfo Retamales Leiva, el “Garza”, y Pablo Morales Fuhrimann, ambos implicados para luego ser sobreseídos en el caso bombas.

Lo de Marcela Mardones no es nuevo para Espinoza.

PARTIR DE BELLAS ARTES

Alberto Espinoza egresó del Liceo Manuel de Salas en 1970 y luego ingresó al Pedagógico. Más tarde llegó a la Academia de Artes, donde lo pilló el Golpe Militar. Su padre biólogo estudió e hizo clases en el Pedagógico y la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. Su madre era dueña de casa. Ambos eran de izquierda, pero sin filiación partidaria, lo mismo que sus tres hermanos. “Eramos una familia común”, dice Espinoza, quien vivió su infancia en Ñuñoa y desde que nació ha sido colocolino y de izquierda.

En 1973 tuvo que abandonar la universidad, porque tras el golpe se cerró la Escuela de Bellas Artes. Aunque por esos años no militaba, afirma haber sido siempre una persona con compromiso social, al igual que su familia. Espinoza dice: “Fui allendista, de la Unidad Popular”. La llegada de los militares y su salida de Bellas Artes hicieron que ingresara a Derecho en la Universidad de Chile, en 1975, con 22 años, varios años por sobre sus compañeros ingresados a la escuela tras salir del colegio, entre ellos Jorge Burgos y los ministros de la Corte Suprema Arturo Prado, Andrea Muñoz y Juan Manuel Valderrama.

Alberto Espinoza decidió estudiar Derecho porque sentía que debía reciclarse y porque la dureza de la represión en otras carreras humanistas que le atraían lo hizo pensar en una alternativa. Hoy confiesa que es su gran amor. “Derecho era una carrera conservadora, formal, pero estaba vinculada con las letras”, dice Espinoza. “Por el lado de los números no iba mi vocación. Nunca pensé ser abogado”.

Así como el reconocido abogado comunista Alfonso Insunza se volvió su referente, hubo otros profesores que, asegura, lo marcaron, pero de forma negativa. Le sorprendió mucho, y protestó, contra Carlos Cruz-Coke, quien defendió a Pinochet y el derrocamiento de Salvador Allende en sus clases. Mientras estudiaba, echaron de la escuela a Jaime Castillo Velasco, Eugenio Velasco Letelier y Máximo Pacheco Gómez. “La represión la vivimos en carne propia con estudiantes de la universidad detenidos desaparecidos”, recuerda.

El 79 egresa de la escuela. Espinoza estaba casado, ya tenía a la primera de sus dos hijas -hoy abogadas- y trabajaba en otras cosas: procurador del Banco Israelita, en la Sindicatura de Quiebra y en la Nueva Gaceta Jurídica, donde hacía comentarios de jurisprudencia. Siempre, en todo caso, tuvo la inquietud de poder canalizar su ideología a través del Derecho. Si bien aún no militaba, sí participaba en las manifestaciones de la U. de Chile. Varias veces fue detenido en las marchas.

MILITANCIA Y LUCHA

En 1984 ingresó a las Juventudes Comunistas, un poco inspirado por la labor de su profesor Insunza. Sostuvo su militancia hasta el año 2007, luego del ingreso del PC a la Universidad Arcis, donde era profesor. Al renunciar, en marzo de 2007, escribió una carta criticando la situación de la universidad y cortando relaciones con ese partido. “Fui contrario a esa intervención de Max Marambio y el tiempo me dio la razón”, explica.

La carta fue particularmente dura. En un extracto, Espinoza dice: “Durante estos 13 años (haciendo clases), la universidad ha sufrido cambios notables: a la inmobiliaria de Fernando Castillo Velasco a Max Marambio; de una persona jurídica sin fines de lucro, propietaria de los inmuebles de la universidad, a una sociedad anónima dueña de todo el patrimonio inmobiliario de la universidad; de un Arcis democrático a uno autoritario (…)”.

Pero es en sus años como militante del PC cuando conoce a los jóvenes frentistas de los 80 y 90. Al ser consultado si perteneció a las filas del FPMR, responde que en esa época ser del Frente y ser del PC era lo mismo. O sea, el FPMR era una orgánica al interior del PC, donde todos tenían roles y un objetivo, que era derrocar a Pinochet. Era una organización clandestina donde, por su profesión de abogado, le tocaba reafirmar sus labores en el partido. Espinoza no recuerda su chapa, o nombre político, pero sí recuerda que partió trabajando en la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (Codepu) y en la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (Fasic), y fue ahí donde su carrera tomó sentido, dice, y empezó a albergar las “causas de presos políticos”. Fue contactado por la Vicaría de la Solidaridad y estaba a punto de ingresar -le habría encantado, dice-, pero le pidieron renunciar a sus defensas de crímenes de sangre. Desistió.

Quienes lo conocen dicen que Espinoza ingresó a las defensas de ex miristas, lautaristas y frentistas por convicción, por un compromiso político, aunque a él no le gusta que lo llamen “abogado de guerrilleros o de frentistas”. Espinoza más bien se ve a sí mismo como un “abogado de presos políticos”. También se autodenomina como “un abogado muy quitado de bulla, un abogado muy humilde de la plaza”.

Su primera causa relativa al FPMR fue la defensa de los frentistas que internaron armas por Carrizal Bajo y que luego participaron del atentado a Pinochet en el Cajón del Maipo, en 1986. Ser abogado durante el régimen militar era difícil, pero en su caso particular sólo recibió amenazas. Llamados en la noche en que le decían que lo iban a matar por ser comunista.

Con el abogado Héctor Salazar, otro reconocido jurista de DD.HH., se conocieron trabajando en el Fasic. “Más allá de las diferencias que podíamos tener, había un gran espíritu de colaboración y él era parte de esa comunidad jurídica”, dice Salazar de su amigo, con quien por mucho tiempo compartió la afición de fumar puros. “Ya no, porque estamos más viejos”, aclara. Salazar agrega que Espinoza es un estudioso del Derecho a través de la historia, y que por eso tiene una visión más amplia del campo.

Actualmente, Espinoza representa, además de los ex frentistas Mauricio Hernández Norambuena (quien solicitó hace poco una rebaja de condena mientras pasa sus días condenado en una cárcel de Brasil) y Juan Gutiérrez Fischmann (“El Chele”), a Galvarino Apablaza Guerra, Ricardo Palma Salamanca y Marcela Mardones, todos acusados de participar en el crimen de Guzmán. Precisa que él no es abogado de Raúl Escobar Poblete, el “comandante Emilio”, aunque admite que, de ser extraditado, podría asumir su defensa.
En otros casos, ha sido abogado de mapuches en el denominado caso lonkos, en el que la CIDH condenó al Estado chileno por la aplicación de la Ley Antiterrorista y el uso de testigos protegidos; además de Héctor Llaitul, líder de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM).

Cuando se le consulta cómo conoció a los frentistas y cuándo fue la última vez que los contactó, se ampara en su secreto profesional. El mismo hermetismo -bajo el mismo argumento-, muestra cuando se le consulta por “El Chele” o Palma Salamanca, ambos con paradero desconocido. De todas formas, dice que Gutiérrez Fischmann ya no tiene causas en Chile, pues él logró que la Corte Suprema dejara sin efecto su orden de captura internacional en 2009.

Junto a otros abogados, Alberto Espinoza patrocinó la primera querella que en 1998 su amiga Gladys Marín presentó en contra de Augusto Pinochet por su autoría en delitos de lesa humanidad, querella que finalmente determinó su arresto en Londres. Cercanos recuerdan que cuando cerró el Fasic, Espinoza siguió llevando causas de detenidos desaparecidos. “Los abogados de DD.HH. siempre han llevado las causas ad honorem y Espinoza está dentro de ese grupo”, explican.

Según estos testimonios, el abogado se mantiene con otros trabajos como penalista y labores académicas en universidades, actualmente en la Academia de Humanismo Cristiano.

Lorena Pizarro, presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), ha trabajado de cerca con Espinoza. “Es uno de los abogados que a lo largo de la historia de resistencia a la dictadura cívico-militar dedicó su conocimiento a la defensa de aquellos que fueron perseguidos”, dice Pizarro. “El fue el abogado que llevó la causa nuestra por las malas identificaciones del Patio 29 desde sus inicios. Es uno de los abogados de DD.HH. que, incluso en la actualidad, sigue defendiendo a aquellos que nadie quiere defender. Su valor es la coherencia que ha tenido en el tiempo”.

En cuanto a la defensa de Espinoza de figuras importantes del Frente y del Lautaro, Pizarro dice: “En Chile hubo una dictadura cívico-militar y, por lo tanto, está consagrado el derecho de los pueblos a rebelarse. No es otra cara de los DD.HH. lo que hace Espinoza, es reivindicar el derecho de defensa de aquellos que resistieron durante la dictadura”.

“El no hace discriminación de tipo política para ejercer su profesión en el campo de los DD.HH.”, agrega Héctor Salazar. “No hace sesgos y es un leal defensor de sus clientes. Por eso lo van a buscar. No es un abogado de un movimiento político determinado, sino que defiende a cualquier persona que se sienta afectada en sus derechos”.

Cercanos a Espinoza comentan que el abogado -al igual que otros militantes del PC- no se conformó con la transición que lideró Patricio Aylwin, que si bien reconocía avances en materia de DD.HH., vio en el Informe Rettig una intención de cerrar el capítulo.

Espinoza es de la idea de que en estos casos se debió hacer justicia y que la permanencia de Pinochet como comandante en jefe del Ejército, en la escena política, en los actos protocolares durante la transición, era un reconocimiento violento por parte de la institucionalidad. Además, es crítico de que oficiales de la Dina hayan sido promovidos durante ese periodo. Para Espinoza, la democracia pactada, como la llama entre sus cercanos, “fue un acto de traición al pueblo”.

Al mirar hacia atrás, Espinoza piensa lo bueno que fue renunciar al PC: “El partido avala ahora un régimen económico como el que tenemos, que es el origen de todas las injusticias, eso es inaceptable desde el punto de vista político. Como ahora son parte de la Nueva Mayoría, avalan el modelo de un sistema económico implantado por la dictadura, con bases manchadas con sangre. El PC desvió el camino”. Hoy, el abogado declara que votaría por el Frente Amplio, más por su desilusión de la izquierda tradicional que por convencimiento.

En los últimos años, Espinoza ha viajado a Brasil y a Argentina para visitar a “Ramiro” y Apablaza, respectivamente. Dice que hace unas semanas en todas las cárceles de Brasil se prohibieron durante un mes las visitas a los presos, por un tema de narcotráfico, por lo que Hernández Norambuena está más aislado que de costumbre. Recuerda que presentó una denuncia a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por las situaciones de los penales brasileños.

Espinoza es crítico de lo que ha hecho el gobierno de Michelle Bachelet en el pedido de extradición de Raúl Escobar, el “comandante Emilio”. Sin ser abogado de Escobar, cuestiona al canciller Heraldo Muñoz: “Se ha visto al ministro de Relaciones Exteriores haciendo todo lo que la UDI ha pedido, se ve un servilismo extremo, cuando esto debería canalizarse dentro de un estado de derecho por el Poder Judicial, lo jurisdiccional, es vergonzoso al igual que el embajador Ricardo Núñez, preparándole en México el camino a la presidenta del partido de Pinochet”.

El jueves 15 a Espinoza le tocó llevar el auto de procesamiento a Marcela Mardones, la ex pareja de Escobar, quien declaró durante la semana. Se vienen tiempos complicados, pero él sabe de esas cosas

 

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