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05-09-2010
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Carta al Director

Redacción:

Esteban Bucat Oviedo
DIRECTOR


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:: SECCION : Dictador Pinochet
RELATOS DEL LIBRO "EL GENERAL JEFE DE LA PATRIA" QUE NINGUNA EDITORIAL CHILENA SE ATREVE PUBLICAR
EL EXCELENTÍSIMO Y GENERALÍSIMO SEÑOR “PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DE CHILE” DON A. PINOCHET U. Y SUS SUEÑOS FARAÓNICOS (...Y LAS RELACIONES CLANDESTINAS DE LA LORETO VIAL ALDUNATE. Y DE LA JAVIERA LARRAIN BACUÑAN CON SU COMANDANTE...
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PINOCHET EN SANTIAGO DE CHILE. COMO EN ALEMANIA NAZI , BAJO EL REGIMEN DE HITLER
Por: ESTEBAN BUCAT OVIEDO

La Javiera Larraín por su parte estaba casada con Pedro Pablo Walker Undurraga a quien llamaba “gordo” en la intimidad de la casa.
Javiera tenía como amante a un flaco y canoso comandante de una unidad militar de la provincia del Santiago del Nuevo Extremo. El era casado. Y trataba a la Yolanda un poco mal. A veces, era violento sin ser peligroso cuando los celos lo invadían. Pero lo importante para la Yolanda, contábale gozosa a la Loreto, es que:
-“Mi comandante me trata como puta. Me hace de todo...”


CAPITULO 1

El señor general pensó dejar las cosas bien amarradas en la sucesión de su poder. Y también, tener las cosas claras con respecto a la jerarquía entre sus iguales del ejército y de las otras ramas armadas. Para él ubicarse en la jerarquía militar, arriba, lejos e inalcanzable.
Así, debe asegurar primero el reinado de la dinastía Pinochet. Tiene hijos y nietos. Y ella. Ella, sobre todo. A quien tiene que mostrarle músculo, dinero, poder.
El 15 de julio de 1978, un Juzgado del Santiago del Nuevo Extremo autorizó el cambio de nombre de un hijo del dictador, cristianamente bautizado Osvaldo Augusto por Augusto Osvaldo. Un escribano-notarius publicus puso sello, timbre y firma a la resolución 349-78, del 7’ Juzgado de Menor Cuantía del Santiago del Nuevo Extremo, publicado en el Diario Oficial.
Un nieto regalón del señor general, llamado originalmente Cristián Augusto, con el mismo procedimiento anterior, se llama ahora Augusto Cristián. Todo un reordenamiento faraónico para perpetuar la marca “Augusto Pinochet”.
Y lo principal: ¡ Ajustado a Derecho !

El señor general pensó sobre todo en su mujer con respecto a la sucesión. Así, decidió crear el cargo de “Vice Presidente de la República” en la nueva Constitución que ordenó redactar. Conocida como la “Constitución del 80”. Además de querer nombrarla de Vice Presidenta, la pretende interponer entre él y los jefes de las otras ramas armadas integrantes de la Junta militar.
Pura ganancia.

El hijo Augusto Pinochet no está maduro todavía, menos el nieto Augusto Pinochet. Pueden esperar. Pero la Lucía conoce todo el teje y maneje del poder y tiene buen instinto. Además, es dura. En caso de necesidad ella aplicará más mano dura. Más represión.
La Constitución se prepara bajo la dirección del anciano ex Presidente de la República y Presidente del Directorio de los accionistas de la “Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones”, el conservador Jorge Alessandri Rodríguez; su ex ministro Enrique Ortúzar Escobar que preside la comisión; el delfín de Alessandri, el joven del “Opus Dei” Jaime Guzmán Errázuriz y otros civiles ultra conservadores. Esperan la orden del señor general-dictador para poner el nombre de la “generala”, como “Vice Presidenta de la República”. Así, con nombre y apellido.

Después de él, Augusto Pinochet, ella, la Lucía, la “generala”. Después su hijo Augusto Pinochet y después el nieto Augusto Pinochet.
Ahora, es cosa de escribir una línea más. El nombre de la “generala”¿Quién se podrá oponer?
A los colegas golpistas de la Junta militar, sin embargo le parecieron las ambiciones vice presidencialistas para la Lucía contrarias a las instituciones armadas que representaban:
-“La incorporación de la señora María Lucía en el gobierno militar en caso de sucesión, aleja a nuestras instituciones del poder”, dijeron los afectados. Además,de tenerla de Vice Presidenta permanentemente y, también metida entre Pinochet y nuestras instituciones. Es como mucho...No puede ser, no se puede aceptar. Es una afrenta a nuestro honor y dignidad. Y nada menos que un civil y mujer todavía. No, no y no pues...”

Ella, la “generala” ya hacía campaña para las pretensiones faraónicas del dictador del Primer Reich andino en los “tecitos” habituales con las señoras de altos oficiales de las ramas armadas y de civiles ultra conservadores golpistas.
La Lucía no se doblega fácilmente por las negativas de las otras ramas armadas. Sabe también que tiene poco tiempo para actuar.

CAPITULO 2

No fue un jueves. Sino un lunes.
Extraña la invitación a un “tecito” para este día. Algunas señoras pensaron que Augusto y Lucía saldrían de gira y por razones de seguridad no se anunciaba y la invitación al “tecito” era una forma discreta de despedida antes del viaje. Así, adelantaban la fecha del “tecito”. Otras pensaron que había un peligro grave sobre Chile. Pero ya lo habrían sabido la misma noche en el dormitorio por boca de sus maridos generales-contra-vices-almirantes o del aparato civil del régimen.
Hubo consultas telefónicas entre las señoras. Cada una trataba de no conjeturar demasiado. ¿Quién se fía de los teléfonos? Y ellas saben porqué.

Sólo la Loreto Vial Aldunate y la Javiera Larraín Bascuñan estaban en la verdad. Ni siquiera sus maridos estaban enterados. Sabían las dos con la Lucía que no se podía esperar hasta el jueves. Había que actuar ahora, antes que el plazo se cumpliera.

La Javiera y la Loreto eran amigas desde pequeñas. Compartían un montón de secretos. Cuando por ejemplo, cada una de ellas por su cuenta iba con su respectivo amante por algunas horas al Hotel Valdivia.
La Loreto tenía a un joyero como amante preferido. Era el marido de una de sus mejores amigas. No era buen fornicador, pero le hacía valiosos regalos de joyas de oro, que se encargaba ella de explicarlos a su marido como:
-“Ofrecidas muy baratas por una amiga apurada de dinero. Tu sabes cómo me gusta el oro”.

La Loreto Vial a veces fornicaba con el amante joyero al medio día en el hotel, con el marido en la noche y recibía el dinero que el marido le daba para “pagar la joya de la amiga...”, le contaba riendo y satisfecha la Loreto a la Javiera:
-“¡Ni la mejor puta lo puede hacer y nadie nota nada, ja, ja, ja!”
Se reían felices.
Otras veces, la Loreto se acostaba con un gerente de una importante financiera. Pero lo dejó, a pesar que él era elegante, afirulado y tenía aristocráticos apellidos, porque éste no era buen fornicador, hablaba mucho en la cama y no le hacía regalos caros.
En el Hotel Valdivia la Loreto Vial tenía como dormitorio preferido, el de estilo gitano. Sentíase libre allí, entre cojines, alfombras y cortinajes multicolores. Pero en los últimos tiempos, usaba más los moteles lujosos.

La Javiera Larraín por su parte estaba casada con Pedro Pablo Walker Undurraga a quien llamaba “gordo” en la intimidad de la casa.
Javiera tenía como amante a un flaco y canoso comandante de una unidad militar de la provincia del Santiago del Nuevo Extremo. El era casado. Y trataba a la Javiera un poco mal. A veces, era violento sin ser peligroso cuando los celos lo invadían. Pero lo importante para la Javiera, contábale gozosa a la Loreto, es que:
-“Mi comandante me trata como puta. Me hace de todo...”
El se la fornicaba por horas, casi ininterrumpidamente. Deteníase sólo para beber un poco de agua mineral o cualquier bebida refrescante. Prácticamente no hablaba en la cama. Decíale a la Javiera que la cama no era sitio para conversar. El comandante tenía buen estado físico, había sido atleta distinguido en sus tiempos de cadete en la Escuela Militar y siempre mantuvo la costumbre de caminar diariamente y una vida sexual activa.
El comandante era un atleta fornicador. No eyaculaba. O eyaculaba una vez, después de varios orgasmos de la Javiera, en la boca de ésta. Cuando ella ya preocupada por la hora, decíale a su comandante:
-“Papito, ahora dame tu lechecita calientita...”
El comandante tenía absoluto control sobre su cuerpo, eyaculaba cuando él quería. Y así, se la fornicaba por horas y horas. La Javiera le pedía desesperada que eyaculara para no dejarlo “caliente” y él se fuera con otra mujer un rato después. Hasta dejarlo vacío. Hasta sacarle la última gota de semen.

Se calentaba la Javiera Larraín aún más con el caliente semen que se tragaba y con un poco, que él le echaba también sobre los senos y que ella con lujuria, lo esparcía por todo el vientre.
Apenas eyaculaba el comandante y después de echarle el semen en los senos, ella le decía, casi gritando:
-“Ahora, métemelo por el “chiquitito”, que me desesperas, papito...”
El pene semi fláccido, lubricado con el semen, se metía entre las bien formadas y sensuales nalgas del suave y ansioso culo de la Javiera, produciéndole a ella un goce especial, lo mismo que al comandante- a quien la estrechez del culo le apretaba el pene, produciéndole una desesperación morbosa al momento que el pene se le erectaba poco a poco entre las blancas y voluptuosas nalgas de la Javiera, que siempre mantenía puesto un portaligas con sus medias negras, que al comandante lo enloquecían de placer.
Así, ella le aprovechaba las “últimas municiones” a su comandante, gozaba un poco más y le dejaba los testículos “vacíos”. Seguro que ahora no la iba a engañar con otra mujer.
El se lo metía suave por el culo:
-“En “dos tiempos”, para que no te duela”, le decía el comandante. En la pose preferida por ella:
La Javierita, como la llamaba su marido- se arrodillaba y ponía la cara sobre la almohada, mientras el comandante tras ella la agarrada de las caderas y la atraía hacia su cuerpo, penetrándola acompasadamente-mientras ella se masajeaba el clítoris con sus dedos llenos de anillos de oro. Varios de ellos, recogidos en colecta nacional por la Junta militar para servir “a la reconstrucción moral y material de la patria destruida por el marxismo internacional”, como se dijo para la ocasión por la cúpula militar golpista.

La Javiera Larraín era experta en fornicar por el culo:
-“Que se siente rico así por el culo, papito”, le decía mientras se masturbaba el clítoris al mismo compás que los movimientos del pene dentro de su monumental culo.
El comandante le decía con la voz entrecortada por el goce:
-“Doble contacto, doble sensación, corazón. Esto es lo que no te hace el “gordo”. Hacerte gozar, como yo lo hago”.
-“Mi comandante, le contaba la Javiera a la Loreto- me puso locas las tetas. Nunca hasta conocerlo a él, sentí gran cosa en los senos. Me los chupa y lengüetea mis pezones de una manera que me hace acabar solamente con las tetas. Que además, me crecieron bastante. Y los pezones se me erectan apenas me roza con los dedos. Así, él no necesitaría metérmelo para yo tener orgasmos. Y cuando me lo mete, me produce unos orgasmos locos. Me hace acabar cualquier cantidad de veces”.
Esto, no eran palabras vacías. Los orgasmos de la Javiera eran tan fuertes que eyaculaba una gran cantidad de líquido, dejando mojadas las sábanas.

Pedro Pablo Walker Undurraga, el “gordo”, como llamaba la Javiera Larraín a su marido era muy conservador, empaquetado, caballerito para sus cosas, tremendamente celoso con la Javiera y miembro de la secta integrista católica “Opus Dei”.
(Será Pedro Pablo un simpatizante de la UDI y activo colaborador en las campañas electorales del político conservador, “Chicago boy”, miembro del “Opus Dei”, del aparato civil de la dictadura, empleado de Agustín Edwards en El Mercurio y candidato de la UDI a la presidencia del país, Joaquín Lavín Infante).
Refiriéndose a Joaquín Lavín, comentará el “gordo”:
-“Juaco” me interpreta en todo, todo, todo. Es tan hábil Joaquín y lleno de principios valóricos. Es consecuente como un talibán”.

Pedro Pablo Walker Undurraga, siguiendo las instrucciones del “Opus Dei” a sus miembros le tenía estrictamente prohibido a la Javiera leer revistas del corazón, tan populares entre las mujeres. Según el “gordo”, el “diablo” estaba metido en esas revistas.
También, de acuerdo a las instrucciones del “Opus Dei”, el “gordo” absolutamente jamás vio una revista o película erótica, en compañía de la Javiera.
Jamás el “gordo” permitió que la Javiera en el primer tiempo de casados, iniciara una conversación acerca del goce sexual o algo parecido, para mejorar la relación que tenían como pareja. Ya que la Javiera quedaba siempre insatisfecha con la acartuchada y corta fornicación del “gordo”.
(Después, a la Javiera Larraín no le importará la relación sexual con su marido ya que tendrá a su comandante)

Todo lo sexual era algo prohibitivo de parte del “gordo”. Lo sexual le producía una obsesión represiva hacia la Javiera y hacia todas las mujeres en general. Actitud típica de los miembros del “Opus Dei”, de los talibanes y de los fundamentalistas islámicos en general.

Pedro Pablo trataba siempre de hacer a la Javiera una simpatizante, una supernumeraria del Opus Dei, pero no le contaba que antes, cuando era soltero, él debía semanalmente entregarle a su “director”, su controlante, un informe semanal con todas sus actividades personales y profesionales. Incluso, debía reportarle que tipo de ropa interior compraba y hacerle entrega de gran parte de su sueldo. Tampoco le decía a la Javiera que como era soltero, los viernes en la tarde y los sábados debía autoflajelarse, azotarse y llevar cilicios, un objeto metálico usado en la Edad Media, que produce llagas sangrantes para contrarrestar el instinto sexual. Sin embargo, esto lo excitaba y debía masturbarse contrariando al “Opus Dei”, ya que estaba “gastando energía...”
La Javiera, con todo se mantuvo dueña de sí misma y con distancia hacia el “Opus Dei”. No quería ser esclava de su marido y a través de éste de la secta.
Lo que le aceptó al “gordo” para no convertir el matrimonio en un infierno, era que los hijos, de acuerdo a las instrucciones del “Opus Dei” fueran a colegios de la secta. Y se las arregló para no pasar embarazada y tener una gran cantidad de hijos.
La Javiera Larraín cuando escuchaba las opiniones valóricas del “gordo”, cerraba los ojos y sus pensamientos volaban a “su comandante” que la hacía sentirse libre y feliz. Se sentía verdaderamente mujer libre en sus brazos.

El “gordo”, se ponía extremadamente celoso durante las recepciones a las que estaban obligados asistir y donde debían bailar con otros invitados. El “gordo”, de regreso en casa recriminaba violentamente a la Yolanda porque ésta bailaba “muy apretada”, con otros invitados. Al terminar la violenta recriminación del “gordo”, éste le gritaba a la Javiera, ya fuera de sí:
-“Ni Dios toca a mi mujer. ¿Entendió, Javiera?”
La Javiera le respondía lo que el “gordo” deseaba:
-“Ninguno me ha rozado en la parte de abajo. Tampoco arriba, como tú te lo imaginas. Y si alguno lo hubiera intentado armo un escándalo y lo liquido. Tú sabes que te soy fiel de pensamiento y obra. Te lo puedo jurar con la mano sobre la Biblia, ahora”.
Pedro Pablo Walker, le respondía tajante como siempre en estas ocasiones, secretamente conformado con la explicación de la Javiera:
-“Rece y duérmase, Javiera...”
Entonces, ella se tapaba la cabeza con la almohada, a veces la misma donde ella ponía la cabeza cuando el comandante se la fornicaba por el culo, o cuando hacían “partusas” con la Loreto.
El “gordo”, a medida que pasaban los minutos se iba calmando de sus celos al observar como la Javiera “rezaba”. Pero la Javiera no rezaba. Sufría, porque estaba verdaderamente celosa. Por su comandante, ya que generalmente asistían a las mismas recepciones en la que se mezclaban parejas del aparato militar y civil de la dictadura. Había acordado la Javiera y su comandante de no bailar juntos, a menos que se llegara a sospechar. Como el comandante era apuesto y tenía “charme”, era bastante popular entre las damas en las recepciones. Pero, era la presencia de la esposa del comandante que tenía celosa a la Javiera. Era aquella la que tenía al comandante todas las noches en la cama. Mientras la Javiera se maldecía de tener al “gordo”.
Después de algunos minutos, la Javiera se tranquilizaba un poco de sus celos y le decía al “gordo” simulando timidez:
-“Ya recé. También recé por ti, “gordo”. Ahora me duermo”.
-“Buenas noches, que duerma bien”, era la respuesta estándar del “gordo” en medio de sus propios rezos.

Pedro Pablo permitía en su familia, según instrucciones del “Opus Dei”, solamente la lectura de “El Mercurio” y la revista “Qué Pasa”.
Era muy activo en la campaña contra la posibilidad de tener una ley que permitiera el divorcio, el aborto y las píldoras anticonceptivas. Y activo en contra del uso del condón y la educación sexual en los colegios. Según Pedro Pablo Walker:
-“La fidelidad y la castidad eran la más seguras defensas contra el sida y las enfermedades venéreas. Y la relación sexual solamente debe darse dentro del matrimonio y es principalmente para tener hijos, muchos hijos, todos los que Dios envíe, lo demás es vicio”. Y además pontificaba de que había que combatir el deseo sexual y sacarse así el diablo del cuerpo con “oración perseverante, vigilancia y recurrir al sacramento de la confesión de manera frecuente”, decía rotundo “para cumplir con el mandamiento de la Ley de Dios de “no fornicar”.
Apoyaba Pedro Pablo al alcalde demo-cristiano del Santiago del Nuevo Extremo Jaime Ravinet (miembro de los jesuitas, los “boinas negras” del Papa y admirador del Padre Hurtado), cuando éste clausuraba hoteles parejeros, moteles y otros lugares de diversión, persiguiendo a gays y lesbianas como si fueran delincuentes. A propósito- se conformará entrado el año del 2006 con varios connotados demo-cristianos fundamentalistas, UDI y otros, asesorados por un sacerdote miembro de un panel dominical televisivo de charlistas pretéritos, un grupo “duro”, blindado y “todo terreno” con “habilidad política-parlamentaria” que usará sin asco “todas las formas de lucha”, varias nada de cristianas para detener–sin debate-cualquier iniciativa democrática y liberal valórica. Tratando de imponer al conjunto de la sociedad chilena censuras de la Inquisición y sus valores del medioevo, para convertir con los del “Opus Dei” y otras sectas religiosas a los chilenos, en habitantes de un patio de escuelita parroquial jesuita provincial.
(Más bien, son enemigos absolutos del placer sexual. Si el acto de peinarse todas las mañanas produjera placer sexual, prohibirían el uso de la peineta)

-“Se hizo justicia, exclamó feliz el “gordo”, sin comentar nada más una noche de 1993, cuando la familia veía el noticiario de la noche en la televisión, al anunciarse la aprobación de una ley en el flamante parlamento chileno que castiga hasta con cuatro años de cárcel, a quienes cometan infidelidad matrimonial. Al más puro estilo de un régimen teocrático fundamentalista.

(Sin esta ley, ya no se podía vivir tranquilo, pues mi viejo)
(Seeep, ahora yo tengo amenazada a mi señora esposa con la cárcel)
(Yo también a la mía. Da gusto vivir ahora pues, mi viejo. Tranquilo y apoyado en la ley)
(Seeep. Y todo ajustado a Derecho)
(Perfecto)
(Y se aprobó la ley a conciencia, mi viejo. Un gran acuerdo, por sobre todo tipo de diferencias partidistas. Un gran ejemplo de Servicio Público de la mayoría de los parlamentarios, pensando sólo en los valores y objetivos permanentes de la patria)
(Seeep, histórico, mi viejo. Histórico)
(Esta sí que es vida. Da gusto así, pues)
(Bíblico)
(Seeep)

La Javiera Larraín seguía viviendo con Pedro Pablo sólo por el “que dirán”, para no afectarlo en su carrera y porque al hijo menor, Javier Ignacio - había que encaminarlo todavía unos años más.
El “gordo” nunca sospechó de la Javiera, a pesar de lo desconfiado y violento que se ponía cuando creía que lo “pasaban a llevar”.
Jamás podría pensar en su mente adoquinada y religiosa, que su “adorada señora esposa” como la presentaba con orgullo, se tragaba periódicamente el semen de las eyaculaciones del comandante, que se volvía loca con las tetas, que tenía orgasmos cualquier cantidad de veces-dejando mojadas las sábanas (algo que nunca había ocurrido con él y tampoco sabía, que pudiera ocurrir en una mujer) y que terminaba feliz fornicando por el ano. Y que de vez en cuando la Javiera hacía “partusas” en su propio “sagrado dormitorio matrimonial”, entre ella, el comandante y la Loreto Vial. En estas ocasiones, la Javiera era bisexual.
Era cuando Pedro Pablo iba a los retiros espirituales que duraban ocho días y ella cansada de la forma de vida que le tenía impuesta el “gordo”, se negaba a seguirlo argumentando:
-“Yo también quiero estar sola, Pedro Pablo. Reencontrarme conmigo misma y recuperar mi fuerza interna”.
Y la Javiera Larraín no mentía.

Durante los retiros espirituales, ella enviaba a sus dos hijos a casa de los abuelos y daba libre a la servidumbre. Se quedaba sola por fin, para sentirse la mujer más libre y feliz del mundo en medio de las “partusas” con su comandante y la Loreto.
Después de la “partusas”, la Javiera sentía que su cuerpo y alma estaban en perfecta armonía, lo que la hacía verdaderamente feliz. Y comentaba con su comandante y la Loreto Vial que su máxima expresión de libertad física y mental la experimentaba cuando ella participaba en las “partusas”. Lo que la Loreto reafirmaba también como su propia sensación, ante la infinita satisfacción del comandante.
-“Son los momentos de mi máxima libertad y felicidad. Me siento dueña de mi vida”, decía la Javiera. Y, agregaba que al “gordo” por el lavado de cerebro que le hacían en el “Opus Dei”, lo habían dejado casi totalmente impotente y retardado sexualmente. Así, la Javiera llamaba al Opus Dei, como “Opium Dei”.
No en vano, ya entrados los años del 2000 el parlamento belga puso al “Opus Dei” en la lista de las sectas religiosas peligrosas y propuso leyes para que la secta fuera sometido a control riguroso.

La “Javierita” después de las “partusas” esperaba el regreso de Pedro Pablo Walker, semi recostada en un sillón del amplio living, con bata y pantuflas puestas tejiendo una interminable chalina desde un ovillo de lana tirado en el suelo, lo que entretenía al gato regalón de la casa. Dejaba un vaso de jugo de naranja con un poco de ron, el trago favorito del “gordo”, puesto en un tiesto con hielo sobre la mesa de centro. Y el hijo menor cerca de “Javierita” leyendo un libro juvenil. Para cuando el “gordo” llegara de regreso se sintiera de inmediato confiado, tranquilo y contento ante el cuadro idílico familiar creado a propósito por la “Javierita”. Lo que de paso le inflaba más el pecho a su marido. Un cuadro ideal del manual de “la familia que reza unida...”, como al “gordo” le gustaba.
Así, al reencontrarse contento el “gordo” después de los retiros espirituales con la “Javierita”, traducía equivocadamente la felicidad, armonía y la amplia sonrisa de su esposa por tenerlo de “vuelta en casa”. Lo que a él le fortalecía falsamente su machismo y la seguridad en sí mismo.
Ella, al mismo tiempo veía al “gordo” como un ser ya insignificante en su vida, del que mentalmente se había liberado y esperaba el momento oportuno para dejarlo definitivamente. El “gordo” no la satisfacía verdaderamente en nada, fuera de lo material.
La Javiera lo veía además como un dictadorzuelo doméstico y ridículo, impregnado del dogmatismo religioso, sexualmente represivo del “Opus Dei”, y que lo único que él siempre había deseado era llenarla de hijos para mantenerla esclavizada en la casa. Y que sí ella no lo engañaba con su comandante y a veces también con la Loreto, se sentiría la mujer más infeliz del mundo.

La Javiera nunca le discutía las ideas a Pedro Pablo con respecto a la “ética, la moral y las buenas costumbres”, como él lo decía en tono grave. O, a su adhesión sin límites a Joaquín Lavín. O, a su opinión valórica tajantemente condenatoria al uso del condón, el divorcio, el aborto, la píldora o la homosexualidad.
Después que el “gordo” pontificaba, sobre estos temas “de suyo tan delicados”, como él los calificaba, la Javiera le comentaba con secreta ironía:
-“Tienes toda la razón “gordo”. Me encantas como piensas. Si todos fueran como tú, la vida sería tan, tan diferente...”
El se revolcaba contento, satisfecho y seguro de la fidelidad de su “señora esposa”, la Javierita”, apoltronado en su sillón favorito por los comentarios de ella que demostraban la “íntima y profunda identidad de pensamiento y valores que tenemos en nuestro sagrado e indestructible matrimonio”, según él.
Mientras muchas veces, al mismo tiempo ella miraba de reojo la hora para irse por fin a fornicar feliz con su comandante. Mientras Pedro Pablo, se quedaba confiado y remolón en casa viendo televisión.
Ella se iba a casa de la Loreto a “jugar canasta con otras señoras tan aburridas como yo...”, le decía al “gordo”.
Su coartada favorita.

Cuando Pedro Pablo recibía señales de admiración por lo feliz de su matrimonio, respondía el “gordo” orgulloso y sonriente:
-“Es que hay que ser muy machito para sus cosas y tener los principios muy, pero muy claros. Por eso no es necesario el divorcio, el condón o la píldora”.
-“¿No es verdad Javierita?”, preguntaba a su esposa para reafirmar sus dichos.
-Sí, “gordo”, tienes toda la razón, es como tu dices”, contestaba ella mirándolo a los ojos, con un dejo de “timidez”.

La Javiera pensaba separarse en algunos años más (no podía divorciarse, porque Chile era uno de los tres países en el mundo donde no existía el divorcio, ya adentrado el año del 2004) Y no soltaba a su comandante. Si bien, era de edad madura y ella había tenido varios amantes jóvenes, él era el único que la hacía gozar de verdad. No lo cambiaba por ningún otro y lo tenía como único amante.
Se sentía más madura que la Loreto Vial. Quien tenía un verdadero trauma con sus orgasmos, que casi nunca los experimentaba. Lo que la tenía permanentemente mal humorada y nerviosa. Engordaba y andaba inquieta mirando hombres para todos lados. Y el matrimonio convertido en un infierno.
Mientras que la Javiera Larraín, gracias a su comandante siempre tenía buen humor, era agradable y risueña y se veía mucho más joven que la Loreto, a pesar que tenían la misma edad.
Sabían guardar estos grandes secretos la Loreto y la Javiera. Eran confiables y capaces de todo. No era raro entonces, que compartieran el secreto del por qué la invitación de la Lucía, al “tecito” de este lunes.

CAPITULO 3

La Lucía recibió una a una a sus invitadas. No tenía su arrogancia acostumbrada ni altanería alguna. Sin preámbulos, las saludó con un seco:
-“Cómo están, buenas tardes. Tomen asiento”.
E inició de inmediato su perorata:
-“Según informaciones confirmadas, los subversivos que no escarmientan, tienen planes para asesinar a Augusto”, dijo con gravedad mientras miraba fijamente al fondo del salón, como “viendo” tan dramática situación. Carraspeó un poco, tomó un sorbo de agua mineral y continuó:
-“El asesinato se urdió en el extranjero por potencias hostiles encabezadas por los señores bolcheviques soviéticos rusos. Y lo que es peor, estos planes los conocen otros que parecen aliados nuestros, pero han guardado silencio. Silencio, que lo califico sin vacilación de crí-mi-nal. Son los mismos que vociferan en las Naciones Unidas contra nosotros. Tendremos que defendernos solos...”
El té con sacarina de las señoras se convirtió al instante en un amargo brebaje en el sólo pensar que tuviera éxito la siniestra y criminal acción internacional contra “Chile”.
-“Porque no es contra Augusto, es contra el país, contra Chile, contra nuestra querida patria”, dijo ella guapeando, al momento que golpeaba la mesa con el puño de su mano derecha cargada de pulseras de oro.
Ninguna de las señoras saboreaba el té, ni tomó golosina alguna al escuchar tamaña posible desgracia. Todas ellas, con el cuello torcido hacia la Lucía que estaba a la cabecera de la gran mesa, escuchaban sin respirar casi.
La Lucía, la esposa del señor general-dictador y postulante a la Vice Presidencia de la República continuó:
-“¡Dios no lo quiera! Es el momento de asegurar las cosas, porque sí a Augusto le pasara algo...”, se interrumpió, mientras se echaba pesadamente hacia atrás en su silla al momento que se escuchan murmullos entre las señoras:
-“No, nunca jamás”.
-“Dios mío, que será de nosotras. Oriéntanos, Padre Hasbún”.
-“Virgen del Carmen, intercede y salva a nuestro centinela de Occidente”.
Ella continuó:
-“...debe haber una sucesión que de continuidad a la obra de las fuerzas armadas, de orden y seguridad, por el bien de Chile. Por el bien de nuestra patria tan amada...”
El personal militar, todos cabos y soldados-servidumbre-mozos-aseadores-jardineros, con sus manos enguantadas, sirven el té a las señoras. Una tacita por aquí. Otra tacita por allá. El tecito calientito, bandejas con biscochuelos y pasteles “mil hojas”, circulan tentadoras a lo largo y ancho de la gran mesa.
-“Mozo, un palito de canela para el tecito”, pide una señora, mientras otra rechaza el aromático té inglés y ordena le traigan un criollo té de poleo.
Después de la sutil pausa, la Loreto Vial codeó disimuladamente a la Javiera Larraín:
-“Es tu turno, Javiera”.

Esta golpeó tres veces su taza aún vacía con la cucharilla del té. Y comenzó hablar:
-“Lucía, dijo inclinando su cabeza para ser vista por todas- mientras pasaban los minutos he conversado con Loreto. Aunque a ella no le guste escucharlo, hay que decir que Loreto es una mujer, muy, pero muy sensata y muy patriótica para sus cosas. Bueno, con ella pensamos que tú Lucía, por todo lo que has dicho y por todo lo que nosotros también observamos y escuchamos en nuestros hogares, aunque no intervenimos en las actividades de nuestros maridos, pero sí les apoyamos, porque es la patria la que está de por medio. Como decía, Loreto y yo interpretando, no lo dudamos un instante siquiera. Interpretamos, bien digo- el sentir más profundo como chilenas y madres comprometidas con el pronunciamiento que encabezó tan acertada, valiente y oportunamente tu marido, con el apoyo irrestricto de todas las instituciones, es que estamos convencidas absolutamente, que es a ti, y a nadie más que a ti, a quien corresponde acompañar como Vice Presidente de la República y suceder, si las circunstancias lo determinan, a nuestro querido señor general don Augusto Pinochet Ugarte...”
Javiera hizo una pequeña pausa, respiro hondo y continuó:
-“...se Lucía (la Lucía miraba “sorprendida” y la Javiera hizo otra pausa, para pedir un vaso de agua mineral con gas, ya que tenía unos flatos trancados, que siempre le causaban molestias cuando comía pastelillos de “mil hojas” sin ingerir líquido y había comido dos, muy rápidamente con Loreto...)
-“...como decía, continuó, sé que mis palabras hieren en lo más profundo tu alma tan modesta, Lucía. Pero te pido nos comprendas (ya hablaba a nombre de todas las demás señoras) Como esposas de soldados, marinos, aviadores y altos funcionarios civiles del gobierno, sabemos que damos calor, ternura, cariño y fuerza moral sin reservas. Pero también somos firmes llegado el momento de actuar o enfrentar la adversidad, como lo demostramos frente a la casa del ex general Prats y en la marcha con las cacerolas vacías contra el gobierno nefasto aplastado por el pronunciamiento. Por esto, como madres y esposas (al llegar a esta última palabra, la Loreto le dio a la Javiera una mirada de advertencia, para que con el entusiasmo del discurso no fuera a decir también “amantes”) no sólo pedimos sino exigimos que tú seas la Vice Presidente de nuestra querida patria. Esto hace justicia a una situación de hecho, que ya se da, desde que tu querido esposo y general asumió el mando de la patria. Lucía, te lo pido a nombre de todas las miles de esposas que estamos hoy contigo desde Arica a la Antártica. Transmite nuestro pedido a tu querido esposo, comandante en jefe y Presidente. Así como lo haremos nosotras con nuestros esposos. Esperamos no haber herido tu sensibilidad y modestia que la sabemos grandes, pero también a nosotras nos toca, porque el deber con la patria nos exige asumir tareas muchas veces sólo reservadas a los hombres. Nada más y muchas gracias. ¡Viva nuestra futura Vicepresidente de la República!, ¡Viva Chile!”.

Los aplausos fueron cerrados a las palabras de la Javiera.
Una señora amatronada, con pronunciado escote en cuyo vértice tenía un grueso medallón negro con el perfil de Nefertitis en oro y, mientras se acomodaba su pesado collar de innumerables vueltas que le envolvía el pezón izquierdo, le dijo al oído a la Javiera:
-“Te felicito niña, no sabía que tenías dotes de oradora”, mientras alcanzaba apenas un último bizcocho de una bandeja lejana.
Con todo, las instituciones armadas- menos obviamente el ejército-se negaron a aceptar a la “generala”, como Vice Presidente de la República. Era como mucho.
-“No, pues. No y no”, dijeron marinos y aviadores.

CAPITULO 4

El otro curso de acción del general-dictador es desprenderse de sus pares de la Junta militar y dominarlos. Nada de rotatividad al mando de la Patria. Esto contradice la jerarquía perfecta. Lo primero entonces, es no cumplir con el “pacto de caballeros”. Ese de la rotatividad, acordado el día del golpe e impedir así, que el turno le corresponda al siguiente, al almirante Toribio y así sucesivamente.
Dos semanas después del golpe, el señor general, había mentirosamente declarado:
-“Hubo un trato de caballeros. Yo no pretendo estar siempre dirigiendo la Junta. Lo que haremos es rotar. Ahora soy yo. Mañana será el almirante Merino, luego el general Leigh y el general Mendoza”.
Por esos mismos días, declaró el señor general al semanario colombiano “Punto en Domingo”:
-“La democracia lleva en su seno la semilla de su propia destrucción. La democracia debe cada cierto tiempo bañarse en sangre, para que pueda continuar siendo democracia”. Tenía todo claro ya, para convertir en realidad sus sueños faraónicos.
Pinochet dominará todo el aparato armado chileno y con éste todo el país. Sin embargo, alteraron sus nervios “guerreros”, las palabras del comandante en jefe del ejército hasta días antes del golpe, general Carlos Prats, superior directo de Pinochet durante toda su carrera militar.

Escribió Prats en su exilio en Buenos Aires, a propósito de su sub-ordinado Pinochet- convertido ahora en dictador:
“...(Pinochet) es un bellaco de luces limitadas y ambición desmedida, capaz de pasar una vida arrastrándose o agazapado a la espera del instante de cometer un crimen a mansalva, que le permita cambiar su destino por un golpe de audacia. Tengo la convicción, que sólo se subió al carro de los golpistas en el último minuto. Pero no dudo, que se aferrará al poder cueste lo que cueste (...) quedará como el gran traidor de nuestra historia, que condujo al ejército y a las fuerzas armadas a cometer un error mayúsculo e irreparable...”

Fue en el mes de junio siguiente al golpe militar de 1973 y al pacto de caballeros. A poco de las palabras de su superior, el general Prats. Justamente el 20 de junio. Día del Santo Florentino y de la Santa Flora.
El señor general-dictador tenía pensado hacerlo en mayo, pero se celebraba el 21, día de la marina chilena. Día que recuerda la muerte del comandante de uno de los buques chilenos, en 1879, en la rada de Iquique, el abogado Arturo Prat Chacón.
Mayo es todo un mes de celebraciones marineras, encabezadas por el almirante Toribio.
Así, era mejor esperar junio.
El 20 es buen día. Está entre el domingo de la Santísima Trinidad y el domingo de Corpus Cristi. Además, a partir de las cero horas del día 21 comienza el invierno. Una nueva estación del año. Los espíritus están más receptivos, más aquietados, producto del otoño.
Al atardecer del día 20, entrega la noticia por la televisión militarizada un impertérrito y engominado funcionario fascista civil de la dictadura. Lee un decreto, por el cual Pinochet se nombra “Jefe Supremo de la Nación”. Madrugando así a sus colegas de la Junta que creían en el “pacto de caballeros”. En la rotatividad.
Ahora, como “Jefe Supremo de la Nación”, nada ni nadie está sobre él. Se separa de sus colegas. Ya no se puede hablar de él como parte de la Junta. El, está sobre todo. Sólo Dios es superior.
Sólo él y la patria.
El y Dios.
El, Dios y la patria.
La Santísima Trinidad en su fiebre de poder.

El general Prats escribió a propósito:
“Pinochet, Jefe Supremo de la Nación. Cuantos halagos, presiones, amenazas e intrigas ha tenido que desplegar para conseguir de los otros miembros de la Junta, el acuerdo para asignarse este extraño título. Una cosa está clara, Pinochet sólo quedará satisfecho al arrancar de la Junta una resolución que le proclame Presidente de la República”.
No pasará mucho tiempo, será en diciembre de 1974, cuando Pinochet se asigna la función de “Poder Ejecutivo”, es decir se nombra “Presidente de la República” y los otros tres golpistas de la Junta, más ahora, su representante personal en ella, serán “Poder Legislativo”.
Se acaba definitivamente cualquier forma de rotatividad a fin de “darle relevancia al señor comandante en jefe”, declara el ejército, dirigido por el mismo serpentoso señor general.
La serpiente llega a su máxima altura.
Sus movimientos, su mimetismo, sus dentelladas venenosas certeras y oportunas, le dan resultados. Deja definitivamente la silla en la Junta. Y allí pone a su representante personal. Sin poderes propios.
El señor general-dictador “Jefe Supremo de la Nación” no necesita sentarse en la Junta con sus pares. Ya que el “Poder Ejecutivo” y el “Poder Legislativo” son totalmente “independientes”.

Con todo, en cualquier momento puede también actuar como miembro de la Junta, ya que allí tiene sólo un “representante personal”. Así, el señor general es “Poder Ejecutivo”. Y “Poder Legislativo”, cuando se le antoje. En cuanto al “Poder Judicial”, él sabe cómo hacerlo actuar de acuerdo a sus deseos.
Se traslada entonces el dictador, para salvaguardar la “independencia” de los pilares de la “República”, al bombardeado, incendiado y ahora reconstruido Palacio Presidencial de La Moneda. Dejando a sus colegas anclados en el Edificio Portales, enredados en la confección de leyes.

Tres años después del golpe inaugura el llamado “Altar de la Patria”. Ubicado entre el Palacio de la Moneda y el edificio del ejército donde tiene sus vacías oficinas de Comandante en jefe. En el Altar, hizo encender la “Llama de la libertad”, que deberá estar encendida “eternamente”. Según su orden.
Se nombrará en 1982 “Capitán General de Armas”, mediante una ley que hizo redactar a sus asesores. En el punto 3 de la ley se lee que el rango de Capitán General de Armas “... es sin perjuicio de la denominación de Generalísimo, que le corresponde a quien ejerza el cargo de Presidente de la República”. O sea, él mismo. No será válido lo de “generalísimo” para los futuros Presidentes civiles.
Así, el señor general es “Presidente de la República”, Generalísimo de las Fuerzas Armadas, Orden y Seguridad, Miembro titular de la Honorable Junta de Gobierno, Capitán General de Armas, General de Ejército, Comandante en Jefe del ejército. Y jefe de la patria. Todo al mismo tiempo.
Pero hay más.

El señor general quería irse a la tumba con el grado de Mariscal de Campo. Comienza así, a crear “Cuerpos de ejército”, el primero con sede en... Iquique. Allí, donde vuelve una y otra vez. A Iquique, la capital de la provincia de Tarapacá.
Cada “Cuerpo de ejército”, debe ser dirigido por un comandante en jefe y éstos a su vez, coordinados por un... mariscal de campo, Augusto Pinochet Ugarte. Pero no alcanzó a darse el gusto.

Su propio ego, necesitaba ser satisfecho más directa y permanentemente. El señor general adora las condecoraciones.
Una contabilidad rigurosa, demuestra que desde el día del golpe militar de 1973 hasta 1981, le quedaban todavía 8 años en el poder como dictador y... 16 años como jefe del ejército, había recibido 321 medallas, preseas surtidas, collares, collarines encintados, galvanos, sables etc. La mayoría de ellos, entregados por funcionarios del aparato estatal que le deben el cargo, de miembros de su rama armada que le deben los ascensos y de “personalidades” extranjeras, que se mantienen en el poder mediante la represión sangrienta o de financistas o grandes empresarios beneficiarios del golpe militar.
Una de las primeras medallas la recibió del general-dictador del Paraguay, el “alemán” Alfred Stroessner. Este, le pinchó al señor general-dictador chileno, la medalla “Mariscal Francisco Solano López”, de puro oro. La “generala” recibió un reloj pulsera, también de oro puro.
También recibió el señor general la medalla “Soldado Ilustre”, de manos del general Cristián Ackerneth, jefe de la zona militar de Rancagua, sede de la empresa minera norteamericana Braden Cooper Co. El general Ackerneth, siempre tuvo en su oficina un gran cuadro del mariscal de campo alemán Erwin Rommel. A unos periodistas alemanes que le entrevistaron, a pocos días después del golpe militar, les dijo:
-“...aquí ( en el ejército chileno) reina el espíritu de la vieja Wehrmacht...”
Otra de las primeras medallas, la recibió de los grandes accionistas y financistas de la Bolsa de Comercio y Sociedades Anónimas. Se la entregó el Presidente de la Bolsa, Eugenio Blanco. El “señor Blanco”, como el señor general-dictador, lo nombra con gran respeto.
El dictador se sintió pequeño socialmente, cuando caminaba entre las dos filas de los accionistas y financistas beneficiados directos por las armas que le aplaudían, para recibir la medalla de manos del “señor Blanco”.
Ya casi moribundo, el general-dictador de España Francisco Hermenegildo Franco, en septiembre de 1975, le envió a Chile, con decreto y estuche, la medalla “Gran Cruz al Mérito Militar de España”. En el mismo decreto, Franco firma la orden de ejecución contra cinco ciudadanos españoles, mediante el “tornillo”- el estrangulamiento lento.
El señor general-dictador chileno, le agradeció la condecoración y felicitó a Franco por su “valiente” decisión de ajusticiar a los cinco españoles.
Otra medalla le fue otorgada en 1975, de manos de terroristas anticastristas, varios de ellos encarcelados en Estados Unidos posteriormente. Recibió la medalla creada para la ocasión, llamada “De la libertad”.

También el dictador, otorga condecoraciones. A cada uno de sus generales, le colgó una medalla, que es una moneda de plata. Tiene por un lado el perfil retocado del déspota y la leyenda: “Presidente de la República de Chile”. Al reverso: “Los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos. La familia es el núcleo fundamental de la sociedad”. Justamente, su dictadura apuntó al contrario de estas ideas. Tampoco, el señor general había sido elegido “Presidente de la República”.
Los generales le devolvieron el gesto. Tanto por tanto. Le colgaron al dictador el “Gran Collar de la Paz”. No se sabe si fueron irónicos intercambios o la necesidad de descargar sus conciencias.
Pinochet recibió el “Carné # 1” de la organización para-militar terrorista de su policía secreta “Avanzada Nacional” y fue declarado al mismo tiempo, “Líder del movimiento”. Obvio.

En Septiembre de 1989, conmemorando el golpe militar y el inicio de la temporada de la Opera, se realizó una velada en el Teatro Municipal de Santiago. Recibió entonces el señor general-dictador, ya en los estertores de su régimen, la medalla “Fundador y Protector de la Nueva Institucionalidad Chilena”, de manos del Presidente de los grandes industriales metalúrgicos Eugenio Heiremans. “Don Eugenio”, como lo nombra el señor general, también con mucho respeto.
Por su parte, a la “generala” en la misma oportunidad, le colgaron un collarín, llamado “Collar al Mérito”.
Al entrar el dictador con rostro severo al Teatro Municipal, fue recibido con el Himno Nacional, para seguir con la Obertura “Las bodas del fígaro”, de Mozart, la Sinfonía # 1 en Do Mayor de Beethoven y la Marcha Radetski, de Johann Strauss, que según “El Mercurio”, logró entusiasmar al público. Algunos asistentes, confundidos en su entusiasmo pedían una svástica al centro del escenario.
El señor general respondió a “don Eugenio”, con una medalla que tiene la imagen de un cóndor en vuelo, y que en sus garras sostiene la Constitución dictatorial, sobre un fondo de una estrella.

El señor general-dictador, no pudo como el nazi Herman Göering, quien, para mostrar todas sus medallas, debida cuenta que no alcanzaba con toda su gruesa humanidad, presentaba a un ayudante con el resto de las medallas.
Fue la “generala”, María Lucía que con su cachaza característica y “clueca” del régimen “solucionó” el problema. Así, instaló en el salón de la casa fiscal que ocupaban en calle del Presidente Errázuriz 4240, una gran mesa-vitrina de museo, para lucir las condecoraciones más preciadas de su esposo-general-dictador, calzonudo y macabeo. Las condecoraciones, obviamente de mayor valor económico. Las de oro, platino y diamante. Y la que le envió, el general- dictador español Francisco Hermenegildo Franco, el presidente de la Unión Social Cristiana de Baviera, de la RFA Franz Josef Strauss y la que recibiera del señor general-dictador del Paraguay, el “alemán” del Alfred Stroessner.
También, tres medallas que le obsequiara un viejo nazi alemán moribundo, en 1981, de la sureña ciudad de Valdivia y muy amigo de los directivos nazis de la “Colonia Dignidad” o “Villa Baviera”. Especialmente amigo del jefe de la colonia, el pedófilo y ex soldado del ejército de Hitler Paul Schaefer y del segundo jerarca Helmut Hopp, ex amante de Paul Schaefer e íntimo confidente de la “generala”.
Las medallas son una “Cruz de Hierro”, en la categoría de “Cruz de caballero con hojas de roble y espada” (Eichenlaub mit Schwertern zum RitterKreuz des Eisernen Kreutz) que originalmente estaba destinada a uno de los miles de oficiales del ejército nazi que iban a ocupar Moscú. En el estuche de la “Cruz de Hierro”, hay una bien conservada invitación para la Opera de Moscú, para la Gran Velada a la cual iba asistir Hitler, la cúpula del partido nazi y sus principales generales y mariscales celebrando la ocupación de Moscú, que nunca llegó. Obviamente, la “Cruz de Hierro”, está sin usar, así como la entrada para la Gran Velada de la Opera, lo que les da un gran valor entre coleccionistas y anticuarios.
Las otras dos medallas son la “Cruz de Caballero de la Orden del León de Zaahringen” (Orden von Zaahringen Lowen), de Segunda Clase con espadas. Concedida originalmente por el Ducado de Baden, en la Primera Guerra Mundial. Tiene grabado el año “1914”. La cruz es de color verde y la cinta son dos guardas amarillas.
La otra medalla es la “Cruz de la Orden al Mérito Militar” (Militar Verdienstkreuz), de segunda clase con espadas, concedida por el Reino de Baviera. La cruz tiene las espadas en su parte superior y cinta con franjas negras y amarillas.

En agosto de 1983, al cumplir veinte años como jefe del ejército, Pinochet recibió de manos de sus generales, la “Gran Espada de Honor”, entregada a duras penas, dado lo abultado y pesado del gran estuche que contenía el arma pretérita.
En 1990, el señor general recibió de sus generales la “Estrella de Honor al Mérito de la Infantería”, en ceremonia efectuada en la cima del Morro de Arica. El general Salas Wensel le pinchó la medalla. Salas proclamó a Pinochet como “... el general de la Paz, el general de la Victoria, el Protector de los pueblos libres...”
El general Salas hasta la víspera, jefe de la policía secreta del dictador, estuvo implicado en la venta de los terrenos del campo de concentración de Villa Grimaldi a cercanos suyos que actuaron como testaferros para hacerse el general, a precio de bicoca de la urbanización.

Ya en mayo de 1975, el general-dictador chileno también había recibido en Uruguay, de manos de los militares que controlaban el poder, la medalla “Protector de los pueblos libres”. Pinochet les devolvió el gesto, entregándoles la “Gran Medalla al Mérito militar”, más regalos surtidos de difícil detalle.

Otras 474 condecoraciones, las de bajo valor monetario las entregó el señor general-por consejo de la “generala” a la Escuela Militar, para ser mostradas en vitrinas, en un salón bautizado como “Salón general Augusto Pinochet Ugarte”. Medallas expuestas allí para su “custodia eterna...” según orden del déspota.
No han sido sólo medallas, sino también estrellas en las presillas, las que ocupan un preferente lugar en la cabezota del señor general.

En su versión original, el general de Brigada tenía dos estrellas. Ahora es llamado Brigadier General. El general de División tres estrellas. Ahora es llamado Mayor General. Pinochet tiene el grado de general de División. Tiene entonces tres estrellas en su presilla pecho-espalda y debe llamarse Mayor General. Como a su vez era comandante en jefe del ejército, se puso otra estrella. Cuatro estrellas. Y para distinguirse aún más, se denominó Capitán General. Y como era “Presidente de la República”, se puso otra estrella. Total cinco estrellas. Convirtiendo el cargo de “Presidente de la República”, en virtual grado militar. Cuando debió abandonar La Moneda, en marzo de 1990- tenía que devolver la quinta estrella. Pero no lo hizo. La conservó. Fanfarrón, por tener el monopolio de las armas se burlaba en los casinos militares de las autoridades democráticas del país:
-“...quién me la va a sacar ja, ja, ja”.

Son pocos los generales con cinco estrellas registrados en la Historia Militar mundial. Jorge Washington tenía cinco estrellas. Y generales que participaron en batallas de verdad, durante la Segunda Guerra Mundial. Los generales Dwigh Eisenhower, Mac Arthur, Marschall, el general Bradley. Además de los mariscales y generales soviéticos al mando de millones de soldados, que aniquilaron la maquinaria de guerra de Hitler, hasta penetrar en su bunker de Berlín y clavarle la bandera roja en la Cancillería del Tercer Reich.

Sin embargo allá, entre los montes andinos y los requerios del Pacífico, en el Chile lindo, en medio del agrícola valle Central, al oriente del Santiago del Nuevo Extremo, entre la avenida de los Apoquindos y de los Arrayanes, donde el río Mapocho comienza a enriquecerse con bacterias de cólera, Pinochet, el señor general de ninguna batalla, luce sus cinco estrellas bordadas con hilos de oro.
Ya dejó atrás hace rato a los bananeros dictadores caribeños y gorilas trasandinos.
Y a los generales de verdad.
Así, el general, en pose espartano-prusiana-nazi-canal Zone, de rostro severo y bigotitos bien recortados, asesino de ciudadanos indefensos, aspiraba posar para las generaciones venideras entre los grandes de la historia militar mundial.
Y sin arriesgar un pelo.

También encontró una fórmula práctica para hacerse inalcanzable en la jerarquía militar. Con todo, hay que ser cuidadoso, porque la cola que sigue es larga para abajo y no hay que elevar mucho a los que le siguen, porque todo quedaría igual. Hay que elevarse, sin que la cola avance y se abran apetitos indebidos.
Así, Pinochet elimina a los generales que le siguen en el escalafón y que son de su generación o cercanas a la suya. A los que no puede eliminar definitivamente por el poder de éstos dentro del ejército, los saca dándoles pomposos grados fuera del escalafón del servicio activo, nombrándolos “Tenientes Generales” y en cargos del aparato dictatorial de la “exclusiva confianza de su Excelencia”, para así, poder ascender a generales a oficiales de generaciones muy lejanas a la suya. Aumentando al mismo tiempo, la cantidad de generales.
Al momento que debe abandonar la comandancia en jefe, el 19 de marzo de 1998, el ejército chileno tenía la absurda cantidad de ¡54 generales!
¿Qué militar no quiere ser general y lo más pronto posible?

Así, el serpentoso señor general-dictador aseguraba una mayor ascendencia sobre los jóvenes generales, algunos de los cuales recibieron su nombramiento de oficial cuando ya Pinochet era general.
El señor general crea una dictadura dentro del ejército, con la complacencia de los ascendidos. Así, controla fácilmente al ejército, sin competencia de otros generales. Y con el ejército, controla a las fuerzas armadas y con todas ellas al país. Y posteriormente a los gobiernos civiles que suceden a su dictadura. Gobiernos que tratarán de sobrevivir de chantaje en chantaje armado dirigido por el señor general y ex dictador, desde el cuarto piso del edificio de la Fuerzas Armadas, donde el señor general tiene su escritorio de jefe del ejército y después, desde el Senado donde pasó a ser Senador Vitalicio, de acuerdo a su propia Constitución.

Con el cargo senatorial y en su afiebrada ambición para recuperar el poder perdido, comenzó a tejer una siniestra maniobra para ser nombrado Presidente del Senado y desde allí apoderarse del gobierno otra vez, ahora por “secretaría”, debida cuenta que “algo le iba a pasar al Presidente”. Según la Constitución, es el Presidente del Senado, quien reemplaza al Presidente de la República si éste muere o queda incapacitado...
Con este objeto, el ex dictador maniobraba para que el Presidente del Senado Andrés Zaldívar Larraín, fuera nombrado pre-candidato a la Presidencia de la República, por la Concertación, para así sacarlo del Senado, al mismo tiempo que el déspota aparecía como un tolerante tribuno para ganarse a la mayoría de los senadores y ser nombrado por ellos Presidente del Senado, en reemplazo de Zaldívar Larraín.

De acuerdo a este plan, Pinochet logró unir a los senadores, para declarar el día feriado del 11 de septiembre, día del golpe militar como “Día de la Unidad Nacional”. Llegó a sentarse, indebidamente en la mesa de la Presidencia del Senado como líder de la derecha para firmar el acuerdo con Zaldívar Larraín. Y de paso mostrarse desde ya, ante los senadores, sentado en la Presidencia de la Cámara Alta.
Ya con Pinochet como Presidente de esta Corporación y de acuerdo al plan de que al “Presidente de la República le iba a pasar algo gravísimo...”, de inmediato Pinochet como Presidente de la Cámara Alta debía asumir como Presidente Provisional de la República para llamar a nuevas elecciones.
Pero, se iba a perpetuar en el cargo, debido a los “actos de violencia y terrorismo desatados por elementos incontrolables, que han sobrepasado a las fuerzas policiales” y, ante la situación de caos, Pinochet debía sacar al ejército a la calle para “poner orden...”
Toda esta siniestra maniobra fracasó sorpresivamente y de manera impensable.
Quedando frustrados sus sueños faraónicos:
El ex señor general-dictador, comandante en jefe Benemérito del ejército y Senador Vitalicio, fue arrestado en Gran Bretaña, cuando estaba internado en la “London Clínic”. Se abortó su siniestro plan de sueños faraónicos, al querer dar un nuevo golpe de Estado “por secretaría”, para perpetuarse en el poder.

¿Qué habrá revelado, el señor capitán general Benemérito, Senador Vitalicio y aspirante a faraón, en medio del pánico, cuando en la noche del 16 al 17 de octubre de 1998, oficiales de Scotland Yard lo arrestaron, lo allanaron y lo interrogaron durante más de dos horas?

Nunca, el serpentoso señor general o alguien de su entorno íntimo, ha dicho ni una palabra acerca de estas horas del comandante en jefe Benemérito del ejército chileno en manos de sus captores.
Puro “secreto militar...”

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RELATO DEL LIBRO " EL GENERAL JEFE DE LA PATRIA".

AUTOR ESTEBAN BUCAT OVIEDO

REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL 148.356

ISBN 956-299-715-4 (NUMERACIÓN ANTIGUA)

ISBN 978-956-299-715-7 NUMERACIÓN ACTUAL)

RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS
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Publicada: |2010-05-31|
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